La Universidad no es para todos
Antes de que juzgar el título y correr el riesgo de pensar que se trata de un texto de corte clasista, les pido me brinden el beneficio de la duda y posteriormente se decanten a reflexionar las barbaridades que aquí expondré a modo de desahogo. Todo esto, en razón de lo sucedido con "las trampas" de quienes hicieron el examen de admisión a la UNAM. Con esto no negaré que el haber hecho uso de la IA en la forma en cómo se hizo y como ya se ha destapado que lo hicieron, sea una cuestión ética a reflexionar continuamente. Sin embargo, creo que detrás de estas acciones se esconde algo más amplio a lo cual señalo como un efecto perverso.
Vivimos en un contexto social que nos vendió la idea de que para asegurar algo o ser alguien en la vida debíamos tener una carrera universitaria, la Universidad como respuesta omnipotente para definirnos ante la sociedad. Con el pasar de los años, nos ha tocado ver cómo esto se tornó frente a nuestras narices en una mentira, un mito o una leyenda de quienes estudiaron en los tiempos de la expansión del sistema universitario a mediados del siglo pasado. Aún así, la idea o el ideal no ha perdido del todo su fuerza.
La verdad es que por más que veamos que la Universidad no es un pase que asegura tu bienestar social, profesional o económico, con dificultad podemos prescindir de este designio, ya que en el mercado de trabajo es un papel ocupado para filtrar nuestras posibles capacidades; aún a sabiendas que no define quienes somos realmente, ya que, seguramente entre la población mexicana, haya quienes estén colmados de habilidades diversas que han ido adquiriendo de diferentes formas, pero que en su haber, la escuela no fue el espacio que los supo cobijar y, por lo tanto, tampoco reconocer, dejando como destino vagar entre trabajos precarizados alimentando la uberización de la sociedad posmoderna.
Ante este panorama, estudiar la Universidad más que un compromiso o anhelo se vuelve una imposición. "Estudia para que seas alguien en la vida", te dicen, mientras que quienes han estudiado se lamentan de haber escogido ese camino o al menos no haber sopesado otras opciones (ojo aquí, que este dramatismo no es igual para todos, ni generalizado). No importa, sea como sea, se vuelve en una obligación, ya que si no lo haces probablemente caiga sobre ti el peso de la vergüenza o la desdicha, es así que entrar a la Universidad no es una opción.
Ahora bien, entrar no es cualquier cosa, y aunque se han abierto sistemas "menos punitivos" para ingresar, las mejores opciones a nuestra alcance te exigen cumplir con un sistema de evaluación sobre el cual supuestamente adquiriste una serie de destrezas para hacerle frente. Mas ¡oh detalle!, para quienes decidieron escoger una carrera de humanidades y la formación previa no les dio las herramientas en esa área de conocimiento puesto que tenía un enfoque distinto. Entonces, probablemente te enfrentes a tu ignorancia, y que esos dos o tres puntos que te faltaron se vuelvan la mayor desgracia de tu vida.
Teniendo en cuenta el contexto previamente narrado, principalmente sobre la centralidad que ocupa la Universidad para definir el futuro de muchas personas, al abrirse un umbral inesperado en el que se conjuntó el avance de las IA´s, la presión social por pertenecer al camino que socialmente se nos ha impuesto y las pocas previsiones ante el caldo de cultivo previamente puesto a llama alta durante tantos años, se hizo presente hacerle un guiño a todas las inteligencias generativas existentes para echarse una manita y responder mañosamente esa evaluación que nos ha clasificado durante tantas décadas.
No es un asunto menor y va más allá de haber hecho trampa, en mi sentir, considero que estamos viendo la decadencia de un sistema, no sólo educativo, sino de la relación dialógica entre diferentes sectores. Aunque en lo educativo, es darse cuenta del peso dañino que se la ha dado a la universidad y el uso político al que también se ha expuesto de diferentes formas y con distintos gobiernos. Mientras tanto, no tenemos el atrevimiento para voltear a ver los otros niveles educativos y cómo están preparando a las personas. Es más fácil mofarse de quienes estudian en un CONALEP, un CETIS, etc., en vez de darnos cuenta, que quizá haya quienes desde esos niveles han decidido que no quieren estudiar la universidad y al mismo tiempo deben batallar con la presión social de tener que hacerlo y todo eso debido a que el contexto no tiene la capacidad de reconocer que las personas adquieren conocimientos, habilidades o mañas sin la necesidad del papel universitario.
Las "trampas" que nos tocó presenciar de forma inédita con el examen de admisión de la UNAM no son más que un efecto perverso que tiene entre sus causas la exigencia de las credenciales como herramienta de sobrevivencia. Estas "trampas" son la respuesta adaptativa y la IA fungió como la democratización de las mañas para hacer frente a la presión sistémica y cínica del mismo mercado de trabajo. Son el símbolo de los alcances del credencialismo que deja de lado el proceso que está de por medio para elegir una vocación o conseguir tal o cual conocimiento y se centra en las apariencias instantáneas.
Por Raúl L. Ortega






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